BIENVENIDOS AL PARAÍSO NEOLIBERAL: TRABAJAR MÁS POR MENOS DINERO POR JOSÉ ANTONIO PÉREZ

http://www.attac.es/bienvenidos-al-paraiso-neoliberal-trabajar-mas-por-menos-dinero/

En la web de ATTAC, José Antonio Pérez trata sobre esa auténtica extorsión que se está haciendo contra las trabajadoras y los trabajadoras obligados, bajo amenaza del paro y la miseria consecuente, a renunciar a sus derechos laborales.

Nos encontramos ante una agresión de proporciones planetarias. Porque, de manera asimétrica, injusta, y retardad, pero creciente, se iba consiguiendo realizar la liberación parcial del trabajo que permite la tecnología. Desde que empezó, a finales del XVIII, la revolución industrial, la esperanza era que la utilización de las máquinas, exigiendo menor intervención humana, concedería más tiempo libre a las clases trabajadoras. Poco a poco se fue reduciendo la jornada de trabajo, se obtuvo el descanso semanal y las vacaciones con retribución y las pensiones de retiro. Estos derechos de la gente  avanzaron de manera singular en la segunda mitad del siglo XX, por la acción decidida sindical y el efecto, que aterrorizaba al capital, de la presencia de la Unión Soviética.

Pero han ocurrido dos hechos históricos terribles. Primero, la debacle del sistema soviético, no por defectos del sistema socialista, sino por la absoluta estupidez de sus dirigentes. Y el segundo ha sido la actual catástrofe económica que se origina por el estallido de la burbuja especulativa. Tras los primeros momentos de terror, el capital descubrió las enormes posibilidades que le otorgaba el control de las finanzas mundiales. El capital descubrió que los gobiernos democráticos, aturdidos por el pánico, se ponen de rodillas ante el poder del dinero. Y, liberado de la presión de la existencia de un régimen socialista que los amenazaba constantemente, el capital se ha puesto manos a la obra, para recuperar todos los derechos laborales y ciudadanos que había cedido en todos estos años. El capital pretende retornar a las prácticas de los albores de aquella revolución industrial. Largas jornadas de trabajo, con salarios de miseria y la certeza de la indigencia en caso de rebelión o de enfermedad o de lesión. Lo que quiere el capital es contar con una mano de obra sumisa, dispuesta a trabajar en su beneficio y a servirle en su bienestar y en sus caprichos. En este sentido, tan explotada es la velina de Berlusconi como los trabajadores y las trabajadoras de Nissan, a quienes, unas y otros, se fuerza a trabajar en un régimen que no dudo en calificar de prostitución, so pena de la más negra pobreza y el hambre para sus hijos.

Pero esto tiene solución. Las clases trabajadoras deben recobrar el sentimiento de solidaridad y de unidad que perdieron. Las clases trabajadoras deben recordar que, sin ellas, no hay actividad económica. Solamente la firmeza en la calle y en el voto nos librará de esta catástrofe.

 

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